La travesía en sí
Cómo es el clásico Camino Inca de 4 días
Pasos elevados, bosque nuboso, ruinas incas y una llegada al amanecer a la Puerta del Sol.
La forma de la travesía
El clásico Camino Inca es una travesía de punto a punto de cuatro días y tres noches que recorre aproximadamente 42 km de antiguo sendero de piedra. Se acampa en el camino con el equipo de porteadores y guías que gestionan la logística, caminando a través de una notable variedad de paisajes —valle fluvial, pradera alta de puna, bosque nuboso— y pasando por una serie de sitios incas que culminan en el gran final de Machu Picchu.
El Paso de la Mujer Muerta
El punto culminante físico llega el segundo día con el paso de la Mujer Muerta, el punto más alto del camino, a más de 4.200 m. Es una subida larga y empinada donde la altitud se nota con más fuerza, y coronarla es el momento que la mayoría de los excursionistas recuerdan como el más duro y gratificante de la travesía. A partir de ahí, el sendero serpentea por un terreno cada vez más frondoso.
Las ruinas que jalonan el camino
Lo que distingue al Camino Inca de otras rutas de senderismo es que se trata de un viaje arqueológico, no solo paisajístico. El sendero enlaza una serie de sitios incas —ruinas en terrazas, recintos ceremoniales y puestos de descanso en parajes extraordinarios— que su guía cobra vida, de modo que la caminata se ve salpicada por auténticos descubrimientos, no solo por kilómetros.
El final en la Puerta del Sol
El momento cumbre de la travesía llega al amanecer del último día, cuando se alcanza Inti Punku, la Puerta del Sol, y se contempla Machu Picchu desplegándose abajo mientras la luz asciende: la ciudadela aparece exactamente como debía ser abordada a pie. Descender hasta el recinto tras tres días de caminata es una recompensa que la llegada en tren, por muy cómoda que sea, sencillamente no puede igualar.
Cómo se viven los días
Espere madrugones, jornadas largas sobre senderos de piedra y escalones, comodidades básicas en el campamento y noches frías en altitud, todo ello mucho más llevadero gracias al equipo de porteadores y guías. Es exigente, pero no técnico —no se necesitan habilidades de escalada—, y la combinación de esfuerzo, paisaje, historia y camaradería es la razón por la que tantos excursionistas lo consideran lo mejor de su viaje a Perú.
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